Santa mujer romana, viuda, que dedicó su vida al ascetismo y al estudio de las Escrituras, y fue discípula de san Jerónimo. Murió a consecuencia de la tortura durante el saqueo de Roma.
Santa Marcela es una figura emblemática del ascetismo femenino en Roma en el siglo IV. Nacida en una familia senatorial, quedó viuda después de solo siete meses de matrimonio. Negándose a volver a casarse, dedicó su vida a la oración, al estudio de las Escrituras y a una rigurosa ascesis. Su palacio en el Aventino se convirtió en un hogar de vida monástica para mujeres de la aristocracia romana, donde acogió y enseñó. Fue una corresponsal y discípula ferviente de San Jerónimo, con quien intercambió sobre cuestiones escriturísticas y teológicas, contribuyendo a la difusión del monacato oriental en Occidente. Durante el saqueo de Roma por los godos de Alarico en 410, Marcela, aunque anciana y debilitada, fue torturada para revelar riquezas que había distribuido hacía mucho tiempo a los pobres. Murió poco después a causa de sus heridas, habiéndose refugiado con Santa Principia, su sobrina, y expresando su alegría de no poseer ya bienes terrenales.